La cancíon de la noche
A lo lejos observaba a las gaviotas pescando en el mar, descendían del cielo a velocidades abrumadoras y belleza incomparable, solo para volver a levantar vuelo con un suculento pescado en sus bocas, pescado que se debatía, al borde de la muerte, por escapar del feroz pico.
Las olas del mar venían hacia mí en una estampida espumosa, destruyendo el silencio de la playa, al estrellarse contra la arena parda a mis pies
A mis espaldas sonaban gritos, palabrotas, blasfemias y chillidos agudos; cada vez más lejos; cada vez más suaves dando así paso al maravilloso sonido de las gaviotas y a las olas.
De repente el sol se apagó por completo y quede bañado en profunda oscuridad, densa y aterradora, tan densa q incluso parecía sólida o al menos algún tipo de coloide. No podía ver nada, pero si oler la salinidad del mar, escuchar a las gaviotas y el romper de las olas y sentir la arena bajo mis pies.
Sentí curiosidad por tan extraña oscuridad, y la surqué con mi brazo, y coloqué mi mano frente a mi cara. Nada. Completa oscuridad común y corriente, no era ningún coloide extraño, ninguna fuerza maligna.
De pronto me di cuenta de que la banda sonora de gritos y chillidos, a mis espaldas, había cesado por completo, no me volví, ya que ya había observado lo que había allí, y no tendría sentido a causa de la monumentalmente profunda oscuridad.
A pesar de que los gritos habían finalizado, el agua seguía estampándose contra la arena a mis pies, que la recibía sin protesta alguna. De pronto, las gaviotas empezaron a callar una a una, con un sonido agudo y apagado, seguidas de un chapoteo provocado por algo grande caer en el agua.
De repente empecé a sentir un frío helado que me entraba por los pies y boca, empezó a viajar por todo mi cuerpo erizándome los vellos de mi cuerpo, como si fuera una especie de corriente eléctrica muy leve.
Era un frío muy fuerte, que me lastimaba, también sentía que era un frío oscuro proveniente de la oscuridad circundante. De repente el mar también dejó de enviar olas hacia la arena, y reinó un silencio sorprendente, en mi vida había sentido tal silencio, era pesado y frío también como la oscuridad.
El silencio me perturbaba de sobremanera, ya que era inquietante e incómodo, más que todos los silencios incómodos vividos y no vividos juntos.
Inmóvil me quedé hasta que empecé a escuchar una dulce y maravillosa canción proviniendo de donde anteriormente venían cabalgando en olas, la espuma blanca que se estrellaba a mis pies.
La canción era muy hermosa, pero a la vez terrible y poderosa, terrible por ser capaz de romper el inquebrantable silencio y poderosa por la misma razón, de pronto esta se tornó tan fuerte que no había espacio de silencio entre notas, ni nada más existía que ella y la ya no tan terrible oscuridad, y mis odios empezaron vibrar violentamente hasta que sangraron, chorreándose por mis mejillas, oh dulce y terrible canción ¿porqué me haces esto?
No hubo más respuesta que el aumento del volumen al punto que la sangre que brotaba de mis oídos empezó a presentar ondas en su superficie a causa del volumen, automáticamente empecé a caminar hacia la música, un paso, dos pasos, la arena parda se introducía entre los dedos de mis pies causando unas curiosas cosquillas, que en circunstancias normales hubiera sentido graciosas, pero a causa de la canción ni siquiera reparé en ellas.
Cuando caminé hasta el punto en el que empezaba el mar, no seguí sintiendo más que la arena, nada de mar, nada de espumas ni de olas, había desaparecido al callar. La música me atraía hacia ella, ya no quería seguir, pero mis piernas no obedecían, empecé a sudar frío, intente gritar, descubrí que solo mis piernas se movían.
Caminando, caminando, siempre hacía la canción, siempre hacía las profundidades. Ta ta ta, explotaba la canción a mi alrededor, ta ta ta hacia mi perdición.
Ricky

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